viernes, 11 de agosto de 2017

Foro-debate. El espacio como conflicto


El espacio como conflicto
La idea es revisar el concepto de paisaje y de espacio en la literatura argentina. La antinomia ciudad/campo enmarcada en esta estación, siempre, problemática, muchas veces se sobreimprimió a la civilización y barbarie. Los paisajes que las ficciones han construido, a su vez, han pervivido en nuestra imaginación y la han modelado logrando que valoremos positiva o negativamente esos espacios representados.
Revisaremos, entonces, algunos teóricos anteriores al siglo xix, como Burke, y autores del siglo xix, como Sarmiento para llegar, a través de las reflexiones de Williams a la construcción de la ciudad moderna.
Paisaje, arte y literatura
La unidad deliberada naturaleza/jardín, imbuida de los valores de armonía que durante siglos habían formado solo a los lugares humanos en oposición al caos de la materia informe puede denominarse paisaje (Aliata-Silvestri, 1994). El concepto de paisaje se desprende de un proceso histórico que va desde la Edad Media, pasando por las elaboraciones pictóricas del paisajismo hasta la conformación científica de las ciencias de la naturaleza y la apropiación de la noción de paisaje como clave de las técnicas de descripción territorial en la primera mitad del siglo xix. Esta situación cambia desde entonces.
Lo bello y lo sublime son dos categorías que retomó E. Burke de Kant y que han servido para pensar las cuestión del paisaje. Lo bello, derivado del atractivo de un físico hermoso, y que se despierta ante cosas pequeñas y suaves, es inferior a lo sublime, que despierta en el espectador dosis moderadas de miedo que operan como expurgación de pasiones del alma. Lo sublime se caracteriza por contrastes abruptos, silencios y claridad deslumbrante. E. Burke, Disquisiciones filosóficas sobre el origen de las ideas de lo sublime y lo bello (1756)
El romanticismo opera un viraje fundamental con respecto a esta cuestión. Para los autores románticos, lo sublime permitirá la libertad de emociones reprimidas. Lo pintoresco tiene que ver con lo quebrado y lo abrupto, lo que aparece más cerca de la naturaleza hasta rechazar las actividades industriales. A la representación pintoresca le gustarán los castillos agrietados, las chozas, el musgo en los muros. La estética gótica se entremezcla en estos paisajes.
Campo y ciudad
El contraste entre el campo y la ciudad como dos estilos distintos de vida se remonta a la antigüedad clásica (Williams, 2002). La percepción de las nuevas cualidades de la ciudad moderna se había asociado desde el comienzo con un hombre que pasea de a pie, como si estuviera solo, imagen que ya aparece en William Blake. No es difícil asociar a este hombre con el flâneur  de Baudelaire, para quien el aislamiento y la pérdida de conexión del paseante eran las condiciones de una nueva percepción nueva y vivida. “Sumergirse en la multitud”, implicaba, para Baudelaire, un nuevo tipo de placer.
Para Williams, historiador de la cultura, el paisaje es un punto de vista más que una construcción estética. El campo nunca es paisaje antes de la llegada de un observador ocioso que puede permitirse una distancia en relación con la naturaleza. El paisaje, entonces es, ante todo, distancia social antes que una construcción material.
Otra idea integra el mito de la antinomia analizada: el contraste entre la vida del campo (natural, inocente) con la vida de la ciudad (mundana, perversa). Para eso, dice Williams, es necesario pensar el campo alejado del trabajo y las relaciones de poder que implica. Pero el crecimiento de las ciudades ocurre, en gran medida, por una economía todavía basada en el agro, y los ricos de ambas esferas se apoyan mutuamente: “(…) lo que sucede en la ciudad es el producto de las necesidades de la clase rural dominante”.
No obstante, este mito resultó útil para esconder las verdaderas contradicciones y promover las superficiales.  Veamos cómo funciona en la literatura argentina del siglo xix.
Sarmiento y la pampa
La relación entre suelo, clima, costumbres de sus habitantes y sus modos de producción fue una constante preocupación en los textos del escritor, educador y político argentino Domingo F. Sarmiento. Justamente, lo que le permite encontrar similitudes y antagonismos entre distintas culturas será, en primera instancia, el paisaje (Aliata, 2012). Es en este punto en el que se invierte el esquema del mito analizado por Williams: el campo representa el atraso, la barbarie y la ciudad representa la civilización. Por supuesto hay matices: por ejemplo, la ciudad de Córdoba, opuesta a la de Buenos Aires en el capítulo vii de Facundo (1845), representa el atraso y la pervivencia del mundo colonial asociado al gobierno de Juan Manuel de Rosas, a quien se quiere denostar.

Sarmiento construye un paisaje en función del andamiaje ideológico y político del Facundo, un texto que tanto tiene de autobiografía como de biografía, de novela como de estudio sociológico y de panfleto. Su objetivo primario es denuncialista (defenderse de la campaña del rosismo en su contra, en Chile, donde está exiliado en 1845, cuando publica el folletín); pero el Facundo excede ese propósito coyuntural y se convierte en un clásico de la literatura argentina por su valor estético.
Veamos un comentario sobre su modo de construir el paisaje de la pampa:
El concepto de paisaje, tópico central de la literatura romántica, asume en Sarmiento valores morales y significados políticos complementarios de su visión de la ciudad y de la arquitectura; así el paisaje es la escenografía esencial que permite caracterizar el drama de Facundo y su ámbito: la pampa. Con Sarmiento, este infinito territorial provoca, como afirma Bernardo Canal Feijoó, un cambio epistemológico fundamental: de la idea de “naturaleza” que caracteriza al universo iluminista deviene “desierto”, imagen que también está en La cautiva de Echeverría y que aparecerá en otras obras literarias. (Fernando Aliata, “Contemplar y recordar. Sarmiento frente a la arquitectura, el paisaje y la ciudad, 2012).
En el capítulo 2 de Facundo hay un paisaje donde Sarmiento pone en juego los conceptos con los que estuvimos trabajando más arriba:
Existe, pues, un fondo de poesía que nace de los accidentes naturales del país y de las costumbres excepcionales que engendra. La poesía, para despertarse (porque la poesía es como el sentimiento religioso, una facultad del espíritu humano), necesita el espectáculo de lo bello, del poder terrible, de la inmensidad, de la extensión, de lo vago, de lo incomprensible, porque sólo donde acaba lo palpable y vulgar empiezan las mentiras de la imaginación, el mundo ideal. Ahora yo pregunto: ¿Qué impresiones ha de dejar en el habitante de la República Argentina el simple acto de clavar los ojos en el horizonte, y ver…., no ver nada; porque cuanto más hunde los ojos en aquel el horizonte incierto, vaporoso, indefinido, más se aleja, más lo fascina, lo confunde y lo sume en la contemplación y la duda? ¿Dónde termina aquel mundo que quiere en vano penetrar? ¡No lo sabe! ¿Qué hay más allá de lo que ve? ¡La soledad, el peligro, el salvaje, la muerte! He aquí ya la poesía: el hombre que se mueve en estas escenas se siente asaltado de temores e incertidumbre fantásticos, de sueños que le preocupan despierto.
Esa pampa que todavía Sarmiento no conoce, construida como un territorio bárbaro a ser conquistado por el impulso civilizador de las ciudades, es una inmensa llanura que, en su perspectiva, requiere una productividad de un signo diferente al país pecuario que lideraba Rosas. Donde Sarmiento dice no ver nada, podríamos constatar que hay mucho…aunque no a los ojos del pensamiento que pone al libre mercado como eje. Ese paisaje que nace de la contemplación de lo bello lo hará concluir, más adelante, que el pueblo argentino es poeta por naturaleza.
La ciudad, la naturaleza salvaje y sus lectores. Conclusiones
Para que un modelo cultural funcione y se mantenga en el tiempo precisa apoyarse sobre una organización espacial y debe ordenarse desde el principio (Rama, 1998). Las ciudades despliegan un lenguaje mediante dos redes diferentes y superpuestas: la física, que el visitante común recorre hasta perderse en su multiplicidad y fragmentación, y la simbólica, la que ordena y la interpreta, aunque solo para aquellos capaces de leer como significaciones los que no son nada más que significantes sensibles para los demás; gracias a esa lectura se reconstruye el orden.
En el capítulo “La ciudad modernizada” Rama observa la función de la ciudad letrada frente a la modernización de la segunda mitad del siglo xix, reiterando la complicidad de esta con la política de las naciones-estado en el momento de la subordinación económica de América Latina a las metrópolis europeas. Según Rama, la escritura literario del período, o bien incorpora los modos de vida rurales y orales como formas incipientes del sentimiento nacional una vez que han sido destruidas por la modernización, o bien confiere origen y futuro a la ciudad, enclave del proyecto modernizador y motivo de conflicto para el hombre moderno. La ciudad letrada de la segunda mitad del siglo xix, concluye Rama, provee el marco ideológico de la modernización organizando jerarquías entre lo popular y lo culto, lo oral y lo escrito, el campo y la ciudad, lo nacional y lo cosmopolita.
Bibliografía
Aliata, Fernando, “Contemplar y recordar. Sarmiento frente a la arquitectura, el paisaje y la ciudad, en Jitrik, Noé, Historia Crítica de la Literatura Argentina, volumen coordinado por Adriana Amante, Buenos Aires, Emecé, 2012.
Aliata, Fernando y Silvestri, Graciela El paisaje en el arte y las ciencias humanas, Buenos Aires, CEAL, 1994
Bajtin, Mijal Las formas del tiempo y del cronotopo en la novela, disponible en:  http://132.248.101.21/filoblog/bubnova/files/2009/11/bajtin-teoria-y-estetica-de-la-novela-2.pdf
Rama, Ángel, La ciudad letrada, Montevideo, Arca, 1998
Williams, Raymond, El campo y la cidad, en el Campo y la ciudad, Buenos Aires, Paidós, 2001
Texto adaptado de
Ø  Equipo de Especialización (2016) Módulo Literatura Latinamericana. Clase 4. El espacio como conflicto. Especialización en Enseñanza de Escritura y Literatura para la escuela secundaria. Ministerio de Educación y Deportes de la Nación.
IMPORTANTE
La actividad consiste en participar en una suerte de Foro: “El espacio como conflicto”
Allí debatiremos en torno a la oposición en la literatura argentina. Para ello, partiremos de la pregunta ¿cómo se construye el espacio en esta literatura? Le propongo debate con ejemplos de textos literarios de los que hayan leído y a medida que vayan leyendo.






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