El
espacio como conflicto
La idea es revisar el concepto
de paisaje y de espacio en la literatura argentina. La antinomia ciudad/campo
enmarcada en esta estación, siempre, problemática, muchas veces se
sobreimprimió a la civilización y barbarie. Los paisajes que las ficciones han
construido, a su vez, han pervivido en nuestra imaginación y la han modelado
logrando que valoremos positiva o negativamente esos espacios representados.
Revisaremos, entonces, algunos
teóricos anteriores al siglo xix, como Burke, y autores del siglo xix, como
Sarmiento para llegar, a través de las reflexiones de Williams a la
construcción de la ciudad moderna.
Paisaje,
arte y literatura
La unidad deliberada naturaleza/jardín, imbuida de los
valores de armonía que durante siglos habían formado solo a los lugares humanos
en oposición al caos de la materia informe puede denominarse paisaje (Aliata-Silvestri, 1994). El
concepto de paisaje se desprende de un proceso histórico que va desde la Edad Media,
pasando por las elaboraciones pictóricas del paisajismo hasta la conformación
científica de las ciencias de la naturaleza y la apropiación de la noción de
paisaje como clave de las técnicas de descripción territorial en la primera
mitad del siglo xix. Esta situación cambia desde entonces.
Lo
bello y lo sublime son dos categorías que retomó E. Burke de Kant
y que han servido para pensar las cuestión del paisaje. Lo bello, derivado del atractivo de un físico hermoso, y que se
despierta ante cosas pequeñas y suaves, es
inferior a lo sublime, que despierta en el espectador dosis moderadas de
miedo que operan como expurgación de pasiones del alma. Lo sublime se caracteriza por contrastes abruptos, silencios y
claridad deslumbrante. E. Burke, Disquisiciones filosóficas sobre el origen de
las ideas de lo sublime y lo bello (1756)
El romanticismo opera un
viraje fundamental con respecto a esta cuestión. Para los autores románticos,
lo sublime permitirá la libertad de emociones reprimidas. Lo pintoresco tiene que ver con lo quebrado y lo abrupto, lo que
aparece más cerca de la naturaleza hasta rechazar las actividades industriales.
A la representación pintoresca le gustarán los castillos agrietados, las
chozas, el musgo en los muros. La estética gótica
se entremezcla en estos paisajes.
Campo y ciudad
El contraste entre el campo y
la ciudad como dos estilos distintos de vida se remonta a la antigüedad clásica
(Williams, 2002). La percepción de las nuevas cualidades de la ciudad moderna
se había asociado desde el comienzo con un hombre que pasea de a pie, como si
estuviera solo, imagen que ya aparece en William Blake. No es difícil asociar a
este hombre con el flâneur de Baudelaire, para quien el aislamiento y
la pérdida de conexión del paseante eran las condiciones de una nueva
percepción nueva y vivida. “Sumergirse en la multitud”, implicaba, para
Baudelaire, un nuevo tipo de placer.
Para Williams, historiador de
la cultura, el paisaje es un punto de vista más que una construcción estética.
El campo nunca es paisaje antes de la llegada de un observador ocioso que puede
permitirse una distancia en relación con la naturaleza. El paisaje, entonces es, ante todo, distancia social antes que una
construcción material.
Otra idea integra el mito de
la antinomia analizada: el contraste
entre la vida del campo (natural, inocente) con la vida de la ciudad (mundana,
perversa). Para eso, dice Williams, es necesario pensar el campo alejado
del trabajo y las relaciones de poder que implica. Pero el crecimiento de las
ciudades ocurre, en gran medida, por una economía todavía basada en el agro, y
los ricos de ambas esferas se apoyan mutuamente: “(…) lo que sucede en la
ciudad es el producto de las necesidades de la clase rural dominante”.
No obstante, este mito resultó
útil para esconder las verdaderas contradicciones y promover las
superficiales. Veamos cómo funciona en
la literatura argentina del siglo xix.
Sarmiento
y la pampa
La relación entre suelo,
clima, costumbres de sus habitantes y sus modos de producción fue una constante
preocupación en los textos del escritor, educador y político argentino Domingo
F. Sarmiento. Justamente, lo que le permite encontrar similitudes y
antagonismos entre distintas culturas será, en primera instancia, el paisaje
(Aliata, 2012). Es en este punto en el que se invierte el esquema del mito
analizado por Williams: el campo
representa el atraso, la barbarie y la ciudad representa la civilización.
Por supuesto hay matices: por ejemplo, la ciudad de Córdoba, opuesta a la de Buenos
Aires en el capítulo vii de Facundo
(1845), representa el atraso y la pervivencia del mundo colonial asociado al
gobierno de Juan Manuel de Rosas, a quien se quiere denostar.
Pueden leer este capítulo en
el siguiente link: http://bibliotecadigital.educ.ar/uploads/contents/DomingoF.Sarmiento-Facundo0.pdf
Pueden leer la obra de Raymond Williams en el siguiente link: http://www.afoiceeomartelo.com.br/posfsa/Autores/Williams,%20Raymond/El%20campo%20y%20la%20ciudad.pdf
Sarmiento construye un paisaje
en función del andamiaje ideológico y político del Facundo, un texto que tanto
tiene de autobiografía como de biografía, de novela como de estudio sociológico
y de panfleto. Su objetivo primario es denuncialista (defenderse de la campaña
del rosismo en su contra, en Chile, donde está exiliado en 1845, cuando publica
el folletín); pero el Facundo excede ese propósito coyuntural y se convierte en
un clásico de la literatura argentina por su valor estético.
Veamos un comentario sobre su
modo de construir el paisaje de la pampa:
El concepto de paisaje,
tópico central de la literatura romántica, asume en Sarmiento valores morales y
significados políticos complementarios de su visión de la ciudad y de la
arquitectura; así el paisaje es la escenografía esencial que permite
caracterizar el drama de Facundo y su
ámbito: la pampa. Con Sarmiento, este infinito territorial provoca, como afirma
Bernardo Canal Feijoó, un cambio epistemológico fundamental: de la idea de “naturaleza”
que caracteriza al universo iluminista deviene “desierto”, imagen que también
está en La cautiva de Echeverría y
que aparecerá en otras obras literarias. (Fernando Aliata, “Contemplar y
recordar. Sarmiento frente a la arquitectura, el paisaje y la ciudad, 2012).
En el capítulo 2 de Facundo
hay un paisaje donde Sarmiento pone en juego los conceptos con los que
estuvimos trabajando más arriba:
Existe, pues, un fondo
de poesía que nace de los accidentes naturales del país y de las costumbres
excepcionales que engendra. La poesía, para despertarse (porque la poesía es
como el sentimiento religioso, una facultad del espíritu humano), necesita el
espectáculo de lo bello, del poder terrible, de la inmensidad, de la extensión,
de lo vago, de lo incomprensible, porque sólo donde acaba lo palpable y vulgar
empiezan las mentiras de la imaginación, el mundo ideal. Ahora yo pregunto: ¿Qué
impresiones ha de dejar en el habitante de la República Argentina el simple
acto de clavar los ojos en el horizonte, y ver…., no ver nada; porque cuanto
más hunde los ojos en aquel el horizonte incierto, vaporoso, indefinido, más se
aleja, más lo fascina, lo confunde y lo sume en la contemplación y la duda?
¿Dónde termina aquel mundo que quiere en vano penetrar? ¡No lo sabe! ¿Qué hay
más allá de lo que ve? ¡La soledad, el peligro, el salvaje, la muerte! He aquí
ya la poesía: el hombre que se mueve en estas escenas se siente asaltado de
temores e incertidumbre fantásticos, de sueños que le preocupan despierto.
Esa pampa que todavía
Sarmiento no conoce, construida como un territorio bárbaro a ser conquistado
por el impulso civilizador de las ciudades, es una inmensa llanura que, en su
perspectiva, requiere una productividad de un signo diferente al país pecuario
que lideraba Rosas. Donde Sarmiento dice no ver nada, podríamos constatar que
hay mucho…aunque no a los ojos del pensamiento que pone al libre mercado como
eje. Ese paisaje que nace de la contemplación de lo bello lo hará concluir, más
adelante, que el pueblo argentino es poeta por naturaleza.
La ciudad, la naturaleza
salvaje y sus lectores. Conclusiones
Para que un modelo cultural
funcione y se mantenga en el tiempo precisa apoyarse sobre una organización
espacial y debe ordenarse desde el principio (Rama, 1998). Las ciudades despliegan
un lenguaje mediante dos redes diferentes y superpuestas: la física, que el
visitante común recorre hasta perderse en su multiplicidad y fragmentación, y
la simbólica, la que ordena y la interpreta, aunque solo para aquellos capaces
de leer como significaciones los que no son nada más que significantes
sensibles para los demás; gracias a esa lectura se reconstruye el orden.
En el capítulo “La ciudad
modernizada” Rama observa la función de la ciudad letrada frente a la
modernización de la segunda mitad del siglo xix, reiterando la complicidad de
esta con la política de las naciones-estado en el momento de la subordinación
económica de América Latina a las metrópolis europeas. Según Rama, la escritura
literario del período, o bien incorpora los modos de vida rurales y orales como
formas incipientes del sentimiento nacional una vez que han sido destruidas por
la modernización, o bien confiere origen y futuro a la ciudad, enclave del proyecto
modernizador y motivo de conflicto para el hombre moderno. La ciudad letrada de
la segunda mitad del siglo xix, concluye Rama, provee el marco ideológico de la
modernización organizando jerarquías entre lo popular y lo culto, lo oral y lo
escrito, el campo y la ciudad, lo nacional y lo cosmopolita.
Bibliografía
Aliata, Fernando, “Contemplar
y recordar. Sarmiento frente a la arquitectura, el paisaje y la ciudad, en
Jitrik, Noé, Historia Crítica de la Literatura Argentina, volumen coordinado
por Adriana Amante, Buenos Aires, Emecé, 2012.
Aliata, Fernando y Silvestri,
Graciela El paisaje en el arte y las ciencias humanas, Buenos Aires, CEAL, 1994
Bajtin, Mijal Las formas del
tiempo y del cronotopo en la novela, disponible en: http://132.248.101.21/filoblog/bubnova/files/2009/11/bajtin-teoria-y-estetica-de-la-novela-2.pdf
Rama, Ángel, La ciudad
letrada, Montevideo, Arca, 1998
Williams, Raymond, El campo y
la cidad, en el Campo y la ciudad, Buenos Aires, Paidós, 2001
Texto adaptado de
Ø Equipo
de Especialización (2016) Módulo Literatura Latinamericana. Clase 4. El espacio
como conflicto. Especialización en Enseñanza de Escritura y Literatura para la
escuela secundaria. Ministerio de Educación y Deportes de la Nación.
IMPORTANTE
La actividad consiste en participar en una suerte de
Foro: “El espacio como conflicto”
Allí debatiremos en torno a la oposición en la literatura
argentina. Para ello, partiremos de la pregunta ¿cómo se construye el espacio
en esta literatura? Le propongo debate con ejemplos de textos literarios de los
que hayan leído y a medida que vayan leyendo.
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