martes, 30 de mayo de 2017

La patria es el otro+Audio


La patria es el otro porque la patria nunca es la patria sino que siempre puede ser otra. No es esencial ni cerrada ni definitiva, es otra porque está siempre en tránsito extrañada de sí misma reinventándose, abierta a la presencia de  los otros que la van transformando.
La patria es el otro porque nunca es la patria y nunca soy yo. Ni siquiera es un conjunto de yoes que intercambian mercancías, ya que la prioridad del yo es su autoafirmación a partir de la sujeción y disolución del otro. Se puede ser patria, o sea, padre y hacer de los hijos propiedades, posesiones, objetos, pero se puede ser padres que dan vida y en ese acto se desprende, se despoja, pierde.
La patria siempre pierde no da rédito, no conviene ni es exitosa, ya que, no es para sí, sino para el otro. Prioriza al otro en tanto otro: su necesidad, su carencia, su debilidad, por eso la patria es pérdida, gasto, vocación. No hay una economía de la patria. La patria es amor pero como un amor de expansión del yo que hace de todo lo que ama una cosa para engrandecerse, sino amor de la interrupción de la lógica de la ganancia y entrega al otro que somos todos, porque la patria es el otro y la patria somos todos. Esos otros que  en esas múltiples transformaciones hacemos de la patria algo abierto, diverso, múltiple. Incluso no hay una patria, ya que no es algo estático ni firme ni definitivo, ni siquiera algo en sentido estricto, ya que la patria es un ejercicio de recreación permanente, se recrea a sí misma todo el tiempo ya que no tiene una definición precisa sino que crece en ese proceso de reinvención incesante que es la identidad como búsqueda y no como producto.
La patria es el otro porque no es precisa ni última ni verdadera. Es nuestra. Y ni siquiera. Es nuestra en esa paradoja identitaria entre lo propio y lo ajeno, entre lo que nos constituye y nos diferencia, entre lo propio y lo impropio. Entre. La patria es el otro porque la patria siempre es entre. Entre todos los que la hacemos que nunca somos todos porque siempre hay un resto que irrumpe y hace que esa totalidad se vuelva a abrir. Entre porque nadie tiene la verdad definitiva, nadie tiene …sino que la patria circula entre nuestras diferencias, nos despoja. Es ese fluir que a todos contamina y a todos mixtura.
La patria es el otro porque no es neutra, ni formal sino que es ese entrecruzarse ilimitado de nuestras singularidades. No es un crisol ni una fusión sino una conversación infinita y si hay conversación no hay monólogo y si no hay monólogo no hay pensamiento único, sino palabras que construyen sentido sobre otras palabras previas pero sobre todo abiertas a la imprevisible presencia de las voces no escuchadas que se redimen haciéndose oír; contaminando el lenguaje.
La patria es ese  otro que excede todo lenguaje ya que, todo lo que digamos de la patria lo decimos, por ello, se confina en un lenguaje previo que muchas veces se olvida, se invisibiliza, opaca las pieles, los estómagos, las gargantas, los cuerpos. La patria incorpora en ese sentido de la palabra incorporar que significa hacer cuerpo, porque la patria duele, se goza, se sufre, se disfruta y sobre todo exige anteponer, es previa no porque reposa en el pasado sino porque provoca el futuro, por eso la patria es el otro porque la ética antecede a cualquier definición, incluso a la de la ética.
La patria es el otro porque el bien es siempre del otro y el otro es esa carencia que clama responsabilidad.
 La patria es el otro porque excede toda institución, toda ideología, todo interés, es desinteresada, no se mueve con otro objetivo que no sea el bien del otro por eso, no es un acuerdo, un pacto entre las partes sino más bien un don. Algo que se da sin buscar en ello un rédito, porque la carencia de cualquiera es mi obligación. Es la obligación de cualquiera. Cualquiera es la obligación de cualquiera. Cualquiera dice Agamben, es el sujeto de la comunidad que viene que de sujeto  no tiene nada ya que es cualquiera. Importa como cualquiera, somos antes que nada cualquiera invirtiendo así la connotación despreciativa del término en el sentido que Simone Veil, sostenía que lo más sagrado del ser humano es lo que tiene de impersonal, ya que en nombre de las distintas formas de concebir lo personal se ejecutaron los peores procesos de despersonalización.

La patria es el otro porque es la patria de cualquiera, la patria es el otro porque cualquier otro es siempre nuestra patria. Darío Sztajnszrajber
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